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A los mosquitos, vectores de los microbios, les gusta el botellón

Prof. Doctor Agustín Muñoz Sanz / Sillón 4 de la Academia. Disciplinas Médicas (Patología Infecciosa).

Sobre los mosquitos en general. 

Los mosquitos son animales (reino Animalia) artrópodos (filo Arthropoda) de la clase Insecta (insectos) y el orden Diptera (tienen dos alas). La familia Culicidae acoge a unas 3.500 especies de mosquitos, varios de los cuales son muy familiares para los humanos por su gran importancia para a la salud pública: son vectores o transmisores de numerosas enfermedades infecciosas (más de 120) que provocan una enorme morbilidad y una nada despreciable mortalidad (en torno a 750.000 muertes anuales) (Figura1). 

Figura 1. Listado de los animales más mortíferos del planeta: el mosquito, campeón indiscutible, superando a los más temibles depredadores, incluido el humano. Crédito de la imagen: Fundación Bill & Melinda Gates.

Los microbios (sobre todo los virus, las bacterias y algunos protozoos o parásitos) son los ejecutores o sicarios que hacen enfermar, y matan, a los humanos y animales. Los mosquitos intervienen como vectores encargados de vehicular o transportar a los criminales (metáfora). Naturalmente, esta es una visión humana sesgada de lo que realmente ocurre en la naturaleza, ajena a la filosofía y la política: los microbios cumplen un mandamiento genético y los mosquitos desarrollan su biología sin intención de hacer daño. De hecho, ellos son la principal fuente de alimentación (biomasa) y, en consecuencia, víctimas de numerosos depredadores cuya dieta es muy abundante (a veces, casi exclusiva) en mosquitos. Pensemos en otros artrópodos insectívoros (que comen insectos) como las arañas. Y los peces, los anfibios, las aves y los murciélagos insectívoros.

Los tres sicarios.

De las numerosas especies y géneros de mosquitos relacionadas con el acontecer de la humanidad, destacan tres por su potencial patógeno pues actúan como vectores de microbios que causan enfermedades graves, muy graves o mortales. Los géneros son Anopheles, Aedes y Culex. Los Anopheles transmiten los protozoos (Plasmodium spp.) que causan la malaria (paludismo) en aves, animales y humanos. Las especies del género Aedes (A.), actúan como vectores de numerosas infecciones entre las que destacamos la fiebre amarilla (A. aegypti), el dengue y la fiebre del zika. En el género Culex (C.) destacamos la especie C. pipiens, el más familiar pues es el que suele incordiar en las noches de verano en el hemisferio norte, mientras que su hermano C. quinquefasciatus hace lo propio en el hemisferio sur (trópico y subtrópico). Pero estos bichitos alados no solo se dedican a incordiar: pueden ser vectores de virus que causan encefalitis (grave inflamación del cerebro), con o sin meningitis, y de transmitir la filariasis, una infectación por un tipo de gusanos (microfilarias) que enferma y mata a miles de humanos y de animales como los perros (mi difunto y añorado Blas, fallecido el 27 de mayo de 2025, después de ser picado por un mosquito vector alado y aliado de sicarios).

El consumo de sangre (hematofagia) no es un capricho vampírico, sino una necesidad biológica del mosquito hembra.

Los mosquitos hematófagos consumen sangre para tener descendencia, razón por la que son hematófagas solo las hembras. Los machos, y las hembras no fértiles, se alimentan del néctar de las plantas (polinizan, como las abejas). Necesitan de la hemoglobina y el hierro para producir huevos viables que suelen depositar en aguas tranquilas. El huevo evolucionará a larva, luego a pupa que terminará en el mosquito adulto (Figura 2). 

Figura 2. Ciclo de vida del mosquito. Crédito de la imagen: Copilot®, de Microsoft.

Y pican a numerosas especies animales, no solo a los humanos. Van desde las lombrices de tierra a los mamíferos, pasando por las aves. No sobra recordar una verdad de Perogrullo: para que un mosquito (o mosquita que, aquí, no es el diminutivo de mosca) pueda transmitir un microbio causante de una enfermedad infecciosa, debe picar y chupar la sangre de un infectado y, cuando toque otra sesión hematófaga, picar a un nuevo individuo (la víctima) que recibirá el microbio mientras la mosquita se alimenta. De lo que no se libra nadie, unos más que otros, es de la irritación local provocada por la picadura: es la respuesta del cuerpo a unas proteínas anticoagulantes y vasodilatadoras de la saliva del insecto que generan una descarga de histamina. Lo cual causa hinchazón, enrojecimiento y picor desesperante que puede durar días (y hablo con autoridad de experto, no en mosquitos, sino en las consecuencias pruríticas y torturantes de las picaduras).

El radar de los mosquitos.

Los mosquitos carecen de oídos, pero disponen de unas sofisticadas estructuras cefálicas, las antenas, que le sirven para relacionarse con el mundo exterior, con el ecosistema. Las antenas, o pelos sensoriales, son un verdadero radar o detector de señales (ruidos, movimiento) y otros estímulos. El radar es imprescindible en la biología del insecto: desde la búsqueda de pareja para acoplarse (los machos detectan el zumbido del aleteo de las alas de las hembras), o de lugares acuáticos apropiados para la puesta de huevos (ovoposición), o la búsqueda de comida (el néctar de las plantas, la sangre de los animales y los humanos) necesaria para su supervivencia. 

El complejo sistema de detección sensorial permite percibir el calor (las radiaciones infrarrojas o IR emitidas por los animales de sangre caliente) y de numerosos compuestos químicos, como se dirá en el párrafo siguiente. Respecto a la temperatura, un estudio muy interesante publicado en Nature en agosto de 2024 demostró el mecanismo utilizado por las hembras de Aedes aegypti (el vector de las infecciones por los virus zika, dengue, fiebre del Nilo y fiebre amarilla) para detectar la radiación IR, una estrategia por la que amplía la distancia de detección (Figura 3).

Figura 3. a. Señales sensoriales conocidas asociadas al huésped (humedad, temperatura, CO2, sustancias volátiles de la piel y señales visuales. b. Modos de transferencia de energía térmica: convección, conducción y radiación IR. La longitud de onda máxima de emisión (λM) de los cuerpos emisores a 34 °C es de alrededor de 9,4 μm. c. Las señales del hospedador durante el ensayo: olor humano, 5% (v/v) CO2 y calor en forma de radiación IR. Las jaulas estaban a 4 cm de la pared de la arena que albergaba el dispositivo Peltier para mitigar el efecto de las señales convectivas. El olor humano se aplicó uniformemente en el exterior de la malla de la jaula a partir de un guante de nitrilo usado. El CO2 se entregó a través de tubos perforados formando un perímetro alrededor de las zonas de control e IR. d. La carcasa del dispositivo Peltier. Una película de polietileno (PE) transparente a los infrarrojos impidió que las señales convectivas llegaran a los mosquitos. Crédito de la figura: Chandel A, et al. Nature, agosto de 2024.

¿Por qué los mosquitos nos pican a unos y no a otros, como los cuñados, sentados alrededor de la misma mesa en las tórridas noches de verano?

La respuesta está en el viento, Dylan. En el aire que rodea, menos de un metro, a la futura víctima (animal o humano). Donde los insectos detectan las sustancias químicas expelidas por el sudor, la piel y la espiración (no confundir con expiración, que significa la última exhalación). Me refiero a los denominados atrayentes (attractans, en inglés). Acaso como un rasgo de finura diplomática —al estilo “trumputiniano” de un “Dear ‘tovarich’, vamos a llevarnos bien”— el insecto avisa del ataque batiendo sus dos alas y genera un sonido de alta frecuencia. Es un ruido terrible y de zozobra para los dueños de las orejas humanas. Entre los amigos y familiares se denomina zumbido, “run-run” o “Saca el Aután®, cari, que vienen los drones de la guerra biológica.” 

Un atractivo artículo con mucha ciencia.

Una revisión de 388 estudios científicos sobre este complejo e interesante asunto, publicada el año 2021, identificó 105 atrayentes efectivos, de los cuales 77 fueron compuestos volátiles individuales, 17 olores generados por los humanos, los animales y las plantas y 11 muestras sintéticas fabricadas en los laboratorios para generar señuelos o cebos utilizados en las trampas caza-mosquitos. Veamos.

Compuestos volátiles. En el gráfico de tarta policromada (Figura 4) cabe destacar el mayor tamaño de la sección correspondiente al dióxido de carbono (CO2) proveniente de los pulmones (el aire espirado) y de la piel; el ácido láctico por sí solo es poco atrayente, pero combinado con otras sustancias resulta “apetitoso” para el mosquito; el amoniaco se comporta de forma parecida al láctico; el OCT (siglas de 1-octen-3-ol) es eliminado por los hongos y algunas plantas; y algunos ácidos grasos volátiles, cuyo principal origen reside en los pies de algunos humanos, un asunto que, sin saberlo, aprendimos en la ya paleozoica “mili” (la “mili” era el servicio militar obligatorio, una aclaración hecha por si usted es joven o si se libró de ir y de aprender a desfilar por tener, precisamente, qué casualidad, los pies planos).

Fig. 4. Distribución de los estudios (316) en los que el compuesto investigado resultó atractivo para los mosquitos. Destacan el CO2 (azul celeste), el OCT (naranja), el ácido láctico (gris) y el amoniaco (amarillo). Crédito de la imagen: Dormont T, et al.  J Chem Ecol, 21 de marzo de 2021.

Olores. Entre los tufos atractivos y atrayentes para algunas especies de mosquitos (los antropofílicos o aficionados, como hacienda, a chupar la sangre de los humanos) están los efluvios corporales (pies y axilas), las emanaciones del ganado vacuno que compiten en importancia atrayente con el humano y el de las plantas, usados por las hembras ovíparas o ponedoras cuando buscan lugares para depositar los huevos. 

Mezclas sintéticas. De ellas no decimos nada pues es un tema que interesa a los investigadores entomólogos, a las autoridades de salud pública (campañas de erradicación) y a la industria fabricante de cebos y trampas para mosquitos y de repelentes.

Sangre, sudor y cerveza.

A los mosquitos hedonistas puede que les guste la cerveza y el cachondeo “ravero” (de rave o rabe). La introducción que usted acaba de leer sobre la vida y obra de los mosquitos, al menos de los tres mosqueteros (es muy fácil, y confuso, hacer un juego de palabras graciosillo con “los tres mosquiteros”) pretende ser metodológicamente reglada y elaborada con intención de divulgar la ciencia. No obstante, entre otras limitaciones, está el hecho real de que quien escribe este artículo no es entomólogo especialista ni siquiera biólogo generalista. Pero cabe suponer que la introducción sirve para entender el comentario que sigue más abajo sobre un curioso artículo científico reciente. Un artículo que, siendo serio, parece una broma. Y, cuando menos, demuestra que no es incompatible la ciencia con el buen humor. Más que nunca, en los tiempos de incertidumbre que nos abrasan.

Se trata del trabajo cuya traducción al español es “Sangre, sudor y cervezas: investigación de las preferencias de picaduras de mosquitos en medio del ruido y la intoxicación en un estudio de cohorte transversal en un gran festival de música.” Los autores de la investigación son un grupo de profesionales holandeses. La publicación que lo ampara es la famosa revista on line bioRxiv (pre-print,o antes de la impresión reglada) cuyo principal defecto es que las publicaciones no sufren el filtro de la revisión por pares (expertos en la materia), una práctica obligada en las revistas científicas de prestigio y de mayor impacto. La mejor virtud curricular del modelo preimpresión es que permitió, durante la pandemia, publicar cientos o miles de artículos que nos iluminaron sobre el nuevo virus SARS-CoV-2, la epidemiología, la patogenia, la clínica, los tratamientos, la evolución, las vacunas y varios ítems más. Bendita sea la revista.

El objetivo del estudio Mosquito Magnet Trial (Figura 5) fue investigar la distinta atracción sentida por los mosquitos a la hora de picar a una o a otras personas (sabido es, y ya lo dijimos antes, que los mosquitos seleccionan las dianas).

Figura 5. Esquema general del estudio MMT (Mosquito Magnet Trial). Se invitó a los participantes a completar un cuestionario anónimo después de ser informados. La concentración de alcohol en sangre se midió mediante una prueba homologada de alcoholemia. La atracción por mosquitos se cuantificó en una configuración diseñada a medida en una jaula cúbica acrílica con 20 a 35 mosquitos. Los participantes presionaron sus brazos contra el lado derecho de la jaula, donde había una cuadrícula de pequeñas perforaciones (resaltadas en azul). Las perforaciones también se ubicaron en el lado opuesto de la jaula (el lado izquierdo cuando se enfrenta a la jaula) donde se colocó un alimentador de azúcar (resaltado en rojo) que sirvió de control comparativo. Una computadora Raspberry Pi y una cámara asociada bajo la jaula transparente registraron las huellas de mosquitos durante la duración del experimento (3 minutos). Luego, se invitó a los participantes a rodar un hisopo cutáneo por la piel del antebrazo derecho necesario para el estudio de la microbiota cutánea. Crédito de la imagen: Blanken SA, et al. bioRxiv, 26 de agosto de 2025.

Los autores del estudio hicieron la investigación en un entorno muy especial: una fiesta campestre en la que intervinieron, entre otros, factores como la dieta, el consumo de alcohol, la higiene (ducha y uso de un protector solar) y el comportamiento social (compartir la tienda de campaña con alguien, sin más detalles de lo que pudiera ocurrir intracarpa pues, como habría dicho el cantante Sergio Ramos, de haber participado en la investigación: “Lo que ocurre bajo la lona, se queda en la lona”.). En concreto, el evento musical y lúdico fue el festival Lowlands celebrado en los Países Bajos, antes Holanda, los días 18 a 20 de agosto del año 2023. Participaron en el estudio 465 voluntarios. El estudio se hizo en un laboratorio improvisado con cuatro contenedores interconectados (con un grado de humedad y temperatura cálida muy adecuada para los mosquitos).

Todos los participantes respondieron a un cuestionario en el que les preguntaron sobre la higiene personal, dieta, consumo de alcohol y los hábitos de sueño. Con una jaula transparente con perforaciones, los mosquitos (del género Anopheles, el que causa el paludismo o malaria) podían oler (pero no picar) el brazo de cada uno de los participantes. De control usaron el alimentador de azúcar. 

Después, midieron la atracción de los mosquitos y grabaron en vídeo si el mosquito se posaba en el brazo o en el azúcar. Además, con el fin de analizar la participación de las bacterias de la piel, tomaron muestras de la microbiota cutánea (piel del antebrazo). La atracción por los mosquitos se correlacionó con las respuestas al cuestionario y con los perfiles de la microbiota cutánea. Los resultados fueron muy curiosos (Figura 6).

Figura 6. Factores que impulsan la atracción de mosquitos. Las variables estadísticamente significativas (corregidas para múltiples pruebas) se seleccionaron de los modelos por categorías y se evaluaron en un solo modelo. El diagrama de bosque muestra los cambios de pliegue en la atracción de mosquitos (posado en los brazos) para diferentes características de los participantes en relación con los grupos de referencia. Un cambio de pliegue mayor que uno (>1), resaltado en amarillo, indica una mayor atracción en comparación con la referencia. Los puntos representan las estimaciones puntuales, las barras horizontales indican los intervalos de confianza (IC) del 95%. Los asteriscos representan niveles de significancia de p < 0,001 (***), después de ajustar por múltiples pruebas. Crédito de la imagen: Blanken SA, et al. bioRxiv, 26 de agosto de 2025.

Los bebedores de cerveza atrajeron más (aumento del 35% de atracción) a los mosquitos que los abstemios (con, al menos, 12 horas sin consumir alcohol) y los consumidores de bebidas no alcohólicas. Las bebidas alcohólicas fueron la cerveza (incluso una sola vez) y, algo menos, el vino. Quienes habían fumado cannabis en las 48 horas previas también interesaron a los mosquitos, aunque no hubo significación estadística. Respecto al alcohol, parece que está más en relación con algún olor de la propia cerveza (Heineken®) que con la tasa de alcoholemia (medida científicamente). Hasta el punto de que los autores aseguran, muy en serio, que “Sin duda, se necesita más investigación antes de sugerir rechazar una cerveza únicamente para evitar las picaduras de mosquitos.” Como también aseguran que los mosquitos se sintieron “más atraídos por los bien hidratados, en lúpulo y uvas.” Lo dicen así ellos (Discusión, página 9), no yo.

Por otra parte, los que compartieron la tienda de campaña con otra persona también “gustaron” más a los mosquitos (34%). Por otra parte, los que se ducharon por la mañana y los que utilizaron un protector solar fueron menos atractivos (-48%) para los chupópteros que los que no usaron el protector (Figura 6). ¿Oculta la crema antisolar los olores de la piel o tiene algún componente repulsivo para los mosquitos? 

Por fin, quienes tenían en su piel más cantidad de bacterias del género estreptococo (Streptococcus spp.) y otras asociadas con el mal olor también fueron diana preferida de los insectos. En resumen, los mosquitos hematófagos prefieren más a los cerveceros que a los abstemios. Y algo más a los de higiene descuidada que a los aseados.

El último párrafo del artículo (traducido) dice: “La imagen general que surge de nuestro estudio sugiere que un estilo de vida sobrio —abstenerse de drogas y alcohol, dormir solo y aplicarse protector solar regularmente— reduce las probabilidades de que uno sea picado por mosquitos. Aunque no encontramos evidencia que respalde mitos populares como que el tipo de sangre influye en la frecuencia de las picaduras, no pudimos evaluar la existencia de la llamada ‘sangre dulce’.” En el experimento los mosquitos demostraron que preferían la cerveza al azúcar (esto lo digo yo, no los investigadores).

Divulga que algo queda.

El artículo de Sara Lynn Blanken y sus dieciséis colaboradores, a pesar de sus limitaciones reconocidas por los autores, ofrece una perspectiva peculiar de un tema muy importante —la conducta de los mosquitos, la cual participa en la epidemiología fatal de estos insectos vectores a nivel planetario—, aunque visto en la vida real de un determinado ambiente muy alejado, por ahora y sin permiso del cambio climático, de las condiciones de amplias zonas de África, Asia o Latinoamérica. Lo que no impide pensar que parece una broma, metodológicamente impecable, al estilo de los famosos premios Ig Nobel, una parodia de los premios Nobel.

Para salir de dudas sobre el asunto —la duda es la herramienta de trabajo de la ciencia— consulté a uno de mis ChatGPT (la conversación completa va en cursiva). Pregunté: 

—¿Es un artículo serio? 

El Chat me respondió en menos de lo que pica un Culex pipiens (se respetan los Emojis originales del Chat). 

—Buena pregunta, Agustín. El artículo sí tiene una base científica seria, pero con un enfoque bastante original y desenfadado. Aquí te explico por qué:

✅ Aspectos que lo hacen serio:

  • Publicado en bioRxiv, un repositorio reconocido para pre-prints científicos en biología.
  • Autores afiliados a instituciones académicas y financiado por el Consejo de Investigación de los Países Bajos.
  • Metodología clara y reproducible, con análisis estadísticos rigurosos (intervalos de confianza, corrección FDR).
  • Muestras biológicas reales (microbiota de la piel) y uso de mosquitos Anopheles, relevantes en salud pública.

🤹‍♂️ Aspectos que lo hacen poco convencional:

  • El estudio se realizó en un festival de música, con condiciones poco controladas.
  • El tono del artículo es humorístico y provocador, con frases como “los mosquitos tienen gusto por los hedonistas”.
  • Hay una selección sesgada hacia personas interesadas en ciencia y dispuestas a participar en un experimento en medio de un festival.

🧠 ¿Qué significa esto?:

Aunque no ha sido revisado por pares (todavía), lo que es común en bioRxiv, el estudio no es una broma. Es una investigación real con datos válidos, pero presentada con un estilo accesible y divertido. De hecho, este tipo de enfoque puede ayudar a acercar la ciencia al público general sin perder rigor.

—Pues sí, me hago cargo —respondí yo, humildemente, al Chat sabelotodo. 

No sobra decir que lo hice después de acabar el tercio fresquito e inspirador de Estrella de Galicia 1906, numantinamente rodeados, el tercio y yo, de una turba de minivampiros culícidos residentes okupas en la dehesa de Bótoa. Pero, como se trata de divulgar el conocimiento, según la propuesta de uno de ellos  (el artículo cervecero) se resume ahora el estudio de los atrayentes en una infografía elaborada mediante inteligencia artificial o IA (Figura 7).

Figura 7. Infografía resumen del artículo (Dormont L, et al, 2021) de los atrayentes de los mosquitos. La imagen fue elaborada mediante IA. Si se lee con cuidado, se puede comprobar que hay palabras en inglés y alguna en español incorrectamente escritas. Es una prueba irrefutable de que la IA también patina. No se trata de pensar que hay una neurodegeneración, como le ocurre a las personas que tienen algún déficit cognitivo de su inteligencia natural (IN). Pero induce a presumir (hipótesis) la posibilidad de algún déficit funcional en los circuitos algorítmicos. Más pronto que tarde alguien describirá, posiblemente, alguna patología de la IA semejante a las que, desgraciadamente, tenemos los humanos. Crédito de la imagen: ChatGPT de Copilot, a demanda de AMS.

Declaración de conflicto de intereses.

El autor declara no tener ninguna relación comercial ni de cualquier tipo con las casas comerciales que promocionan y venden productos o preparados insecticidas o de repelentes de mosquitos. Ni con las empresas propietarias de las cervezas Heineken y Estrella de Galicia.

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