Prof. Dr. José Maria Ramírez Moreno – Disciplinas médicas (Neurologia).

«Prometeo trayendo el fuego a la humanidad» – Heinrich Füger (1817) Prometeo, quien desafía el orden establecido para dar el fuego (símbolo del conocimiento) a los humanos, representa la ciencia rompiendo barreras.
«The Structure of Scientific Revolutions» es una obra fundamental del historiador y filósofo de la ciencia Thomas Kuhn, publicada inicialmente en 1962 y donde introduce el concepto de «paradigma» como el conjunto de prácticas, teorías y métodos que definen la investigación científica. Kuhn argumenta que los cambios en la ciencia no son simplemente acumulativos, sino que implican una ruptura con el pensamiento anterior, lo que puede ser interpretado como «quemar viejas reglas» para dar paso a nuevas ideas. Esta obra ha influido profundamente en cómo entendemos el progreso científico, resaltando que el avance del conocimiento no es lineal, sino que ocurre a través de discontinuidades paradigmáticas.
El diagnóstico temprano de la enfermedad de Alzheimer (EA) constituye uno de los mayores desafíos en la práctica clínica actual. Tradicionalmente, la confirmación biológica de la patología se ha basado en la evaluación de biomarcadores en el líquido cefalorraquídeo (LCR) y en técnicas de imagen como la resonancia magnética o la tomografía por emisión de positrones (PET). Sin embargo, algunos de estos métodos son invasivos y otros costosos y de difícil acceso en muchos centros hospitalarios y por supuesto en el ámbito de la atención primaria, limitando su utilidad en el diagnóstico precoz. En este contexto, la investigación en biomarcadores sanguíneos ha avanzado notablemente en los últimos años, y entre ellos, el p‐tau217 ha emergido como una herramienta prometedora para identificar la patología subyacente del Alzheimer con alta precisión.
La evolución hacia técnicas menos invasivas es un ejemplo claro de cómo la ciencia transforma y simplifica sus métodos a partir de la crítica y el rechazo de paradigmas anteriores, el diagnóstico puramente clínico. Es el proceso de “quemar viejas reglas”, donde se descartan métodos complejos y se aboga por soluciones innovadoras que, aunque nacen de la complejidad, terminan ofreciendo respuestas más simples y eficientes.
La necesidad de métodos diagnósticos accesibles y menos invasivos ha impulsado el desarrollo de ensayos basados en muestras de plasma. La EA se caracteriza, entre otros procesos, por la acumulación cerebral de placas de amiloide β (Aβ) y de ovillos neurofibrilares compuestos por proteína tau hiperfosforilada. Entre las diferentes formas de tau fosforilada, p-tau217 ha demostrado ser un biomarcador altamente específico y precoz de la enfermedad de Alzheimer. Se han identificado varias isoformas fosforiladas de tau (como p-tau181, p-tau231 y p-tau217), pero p-tau217 destaca porque:
- Se eleva en fases muy tempranas de la enfermedad, incluso antes de que aparezcan síntomas clínicos.
- Correlaciona estrechamente con la acumulación de amiloide y tau en el cerebro, detectadas por PET.
- Diferencia el Alzheimer de otras enfermedades neurodegenerativas, como la demencia frontotemporal o la demencia por cuerpos de Lewy.
- Puede medirse en sangre, lo que facilita su uso en entornos clínicos sin necesidad de pruebas invasivas como la punción lumbar para obtener LCR.
Los estudios han demostrado que p-tau217 tiene una capacidad diagnóstica comparable e incluso superior a otros biomarcadores tradicionales del Alzheimer, como la proporción Aβ42/40 en LCR o el PET con amiloide. Esto lo convierte en un candidato ideal para pruebas de detección temprana y seguimiento longitudinal de la progresión de la enfermedad.
Recientemente se ha publicado en la prestigiosa revista JAMA Neurology el desarrollo de un ensayo inmunoenzimático para la detección de p‐tau217 basado en la utilización de anticuerpos monoclonales específicos que reconocen el epítopo fosforilado en la posición 217 de la proteína tau. La validación de este ensayo se realizó en tres cohortes independientes –el estudio TRIAD (Translational Biomarkers in Aging and Dementia), el registro WRAP (Wisconsin Registry for Alzheimer’s Prevention) y la cohorte SPIN (Sant Pau Initiative on Neurodegeneration)–, lo que permitió evaluar su rendimiento en contextos clínicos y en poblaciones con diferentes grados de compromiso cognitivo.
En estos estudios, se correlacionaron los niveles de p‐tau217 en plasma con los hallazgos obtenidos a partir de técnicas de imagen (PET para Aβ y tau) y análisis en LCR (medición de Aβ42/40 y p‐tau181). Además, se adoptó un enfoque innovador basado en una estrategia de tres rangos para interpretar los resultados del biomarcador. Este método consiste en definir un rango negativo (niveles inferiores a 0.40 pg/mL) con alta sensibilidad (95%) para descartar la patología, un rango positivo (niveles superiores a 0.63 pg/mL) con alta especificidad (95%) para confirmar la presencia de patología, y un rango intermedio o zona gris que requeriría pruebas confirmatorias adicionales, como una PET o un análisis del LCR.
Gráfico de un modelo simulado con datos ficticios de 1000 sujetos para Representar la Estrategia de Tres Rangos en la Interpretación de p‐tau217.
Una de las aportaciones más relevantes de este trabajo es la implementación del esquema de tres rangos. Con esta estrategia, se logra reducir la necesidad de pruebas invasivas en aproximadamente un 80% de los casos, ya que solo los pacientes cuyos niveles se sitúan en el rango intermedio requieren confirmación mediante técnicas de imagen o análisis de LCR. Este hallazgo tiene importantes implicaciones para la práctica clínica, ya que permitiría optimizar los recursos y mejorar la experiencia del paciente, al evitar procedimientos invasivos innecesarios.
Otro aspecto destacado del estudio es el seguimiento longitudinal de los pacientes. Los datos indican que en individuos con patología amiloide, los niveles de p‐tau217 aumentan progresivamente a lo largo del tiempo, siendo aún más pronunciado en aquellos que ya presentan alteraciones en la tau. Este hallazgo respalda el uso de p‐tau217 no solo como herramienta diagnóstica, sino también como marcador para monitorizar la progresión de la enfermedad, lo que resulta fundamental en el contexto de ensayos clínicos y en el seguimiento de la respuesta a terapias modificadoras de la enfermedad.
Implicaciones para el Diagnóstico y la Terapéutica
La implementación de una prueba comercialmente disponible para la medición de p‐tau217 en plasma abre nuevas perspectivas en la práctica clínica y en la investigación sobre la EA. Desde el punto de vista diagnóstico, disponer de un biomarcador sanguíneo de alta precisión permite una evaluación temprana y muy accesible. Esto es especialmente relevante en el ámbito de la atención primaria, donde los recursos para realizar pruebas invasivas o costosas técnicas de imagen son limitados.
Además, en el contexto del advenimiento de terapias anti-Aβ, la identificación temprana de la patología se convierte en un elemento clave para la selección adecuada de pacientes. Un diagnóstico basado en un biomarcador accesible y preciso permitirá iniciar intervenciones terapéuticas en etapas de deterioro cognitivo leve, aumentando las posibilidades de éxito y mejorando el pronóstico del paciente. Asimismo, este enfoque podría contribuir a la medicina personalizada, al ajustar las estrategias terapéuticas según la carga patológica y la evolución del biomarcador en cada individuo.
El seguimiento longitudinal mediante p‐tau217 también se presenta como una herramienta valiosa para evaluar la eficacia de intervenciones terapéuticas. La capacidad de monitorizar cambios en los niveles de este biomarcador permite ajustar las estrategias de tratamiento de manera dinámica y tomar decisiones informadas respecto a la continuidad o modificación de la terapia. De este modo, el p‐tau217 podría integrarse en el algoritmo clínico no solo para el diagnóstico, sino también para la evaluación del tratamiento y la predicción de la progresión de la enfermedad.
Un concepto fundamental que resuena a lo largo de los avances en biomarcadores es la idea de que la ciencia se alimenta de su propia descomposición. Tradicionalmente, el diagnóstico en vida de la EA dependía de métodos exclusivamente clínicos, arraigados en paradigmas que, si bien fueron útiles en su momento, mostraban claras limitaciones para la práctica clínica diaria. El surgimiento de biomarcadores es un ejemplo paradigmático de cómo el avance científico exige el abandono de reglas establecidas para dar paso a soluciones más simples, efectivas y accesibles.
Esta transformación puede verse como un proceso de “quemar viejas reglas”: la ciencia, en su búsqueda constante de la verdad, debe ser capaz de desmantelar modelos obsoletos y reconstruirlos sobre nuevas bases de conocimiento. Así como en la naturaleza la descomposición de materia orgánica permite la renovación y el surgimiento de nueva vida, en la ciencia la crítica a los métodos tradicionales permite la aparición de enfoques innovadores que simplifican y mejoran la práctica clínica. Esta dinámica es esencial para el progreso y se refleja en cada avance, desde la transición del modelo clínico al biológico, hasta la adopción de estrategias interpretativas más flexibles y eficientes.
Desafíos y Líneas Futuras de Investigación
A pesar de los prometedores resultados, la implementación de biomarcadores plasmáticos en la práctica clínica aún enfrenta varios retos. En primer lugar, es necesario validar estos hallazgos en cohortes con mayor diversidad étnica y en entornos clínicos reales, donde la prevalencia de comorbilidades puede influir en los resultados. La generalización de los puntos de corte y la estrategia de tres rangos debe ser evaluada prospectivamente en poblaciones más heterogéneas para garantizar su aplicabilidad universal.
Por otro lado, la integración de biomarcadores sanguíneos en los protocolos diagnósticos requerirá la estandarización de los ensayos y la formación de los profesionales de la salud en la interpretación de los resultados. Es fundamental desarrollar guías clínicas que orienten sobre cuándo y cómo utilizar estas pruebas, así como sobre los algoritmos diagnósticos que integren tanto datos clínicos como biomarcadores de laboratorio.
Conclusiones
El p‐tau217 se perfila como una herramienta revolucionaria en el campo del Alzheimer. Su capacidad para identificar de forma temprana la patología subyacente y para monitorizar su progresión ofrece la posibilidad de intervenir antes de que el deterioro cognitivo se consolide, lo que puede transformar radicalmente el manejo clínico de la EA.
En definitiva, el avance hacia diagnósticos más simples y accesibles no es solo un progreso técnico, sino una manifestación del espíritu innovador y transformador de la ciencia. En este contexto, el p‐tau217 no solo representa un avance en el diagnóstico del Alzheimer, sino también el símbolo de una nueva era en la que la simplicidad y la eficiencia emergen de la crítica y la renovación de los modelos tradicionales.
Referencias:
- Kuhn TS. The Structure of Scientific Revolutions. 1st ed. Chicago: University of Chicago Press; 1962.
- Ashton NJ, Brum WS, Di Molfetta G, Benedet AL, Arslan B, Jonaitis E, et al. Diagnostic accuracy of a plasma phosphorylated tau 217 immunoassay for Alzheimer disease pathology. JAMA Neurol. 2024;81(3):255-263. doi:10.1001/jamaneurol.2023.5319.
- Hansson O. Biomarkers for neurodegenerative diseases. Nat Med. 2021;27(6):954-963. doi:10.1038/s41591-021-01382-x.
- Karikari TK, Ashton NJ, Brinkmalm G, et al. Blood phospho-tau in Alzheimer disease: analysis, interpretation, and clinical utility. Nat Rev Neurol. 2022;18(7):400-418. doi:10.1038/s41582-022-00665-2.