Prof. Doctor Agustín Muñoz Sanz / Sillón 4 de la Academia. Disciplinas Médicas (Patología Infecciosa).
Cuando uno viaja por las grandes —y no tan grandes— ciudades de Europa, América o Asia (África es otro mundo, Oceanía no la conozco) que están atravesadas por un río, o posadas a su vera desde el primer asentamiento humano, suele tomar nota de lo que ve. Entre los muchos aspectos de interés (urbanismo, comunicaciones, servicios, cultura, gastronomía, ocio, seguridad, etcétera) hay que destacar el propio río. Suele ser el eje central sobre el que gira la vida total de la ciudad y, en determinados casos, del país o de una o varias civilización/es (Nilo, Éufrates). La arteria nutricia de las actividades económicas, lúdicas, turísticas, ecológicas y de otro tipo. El río no es un simple accidente geológico, sino el alma de la ciudad. Su biografía, su historia, su pasado. Pero también el presente y el futuro.

Figura 1. El río Guadiana a su paso por Badajoz. Puente Real, año 2022. Crédito de la figura: AMS
El río.
En el río aquel que atravesó mi infancia, el Guadiana a su paso por Badajoz, se conserva el genoma sociológico y el archivo histórico de la ciudad. Cierto es que el Guadiana es mucho más modesto, pero no menos importante, que los grandes o históricos ríos europeos: Arno (Florencia, Pisa), Danubio (Viena, Bratislava, Budapest, Belgrado), Elba (Dresde, Magdeburgo), Ródano (Ginebra, Lyon, Aviñón, Arlés), Sena (París, Ruán), Támesis (Oxford, Eton, Londres), Tíber (Roma), Po (Turín, Piacenza, Cremona, Ferrara). No olvidamos el Dniéper, Loira, Rin, Vístula, Volga y, como no, los españoles Guadalquivir (Córdoba, Sevilla), Ebro (Haro, Calahorra, Zaragoza, Tudela, Tortosa), Miño (Lugo, Orense, Ribadavia, Tuy, La Guardia) y el río hermano, Tajo (Toledo, Lisboa).
El Guadiana es el cuarto río de España en longitud: 744 km (502 en España y 140 en Portugal). Tras su oscuro nacimiento, cruza de este a oeste, se curva hacia el sur pasado Badajoz y hace frontera (100 km) con Portugal. El viejo Anas de los celtas, flumen Ana o río de los patos de los romanos y wādi-ana de los árabes, es la patria rilkeana de la infancia de miles de badajocenses, y de la ciudadanía de Medellín, Mérida, Villa Real de Santo Antonio y Ayamonte, hermanando dos provincias españolas (Badajoz y Huelva) y el Alentejo portugués. No es un simple río, sino un abrazo fraternal entre pueblos.
Un río sano y familiar.
No es oportuno aburrir a quien lea este artículo con las batallitas infanto-juveniles del que lo firma. Y a costa del glorioso Guadiana. Pero, como preludio al asunto que toca hablar, interesa decir que hubo una época, apenas hace unas decenas de años, en que, como en muchos sitios, la ciudadanía de Badajoz se bañaba en su río en pleno corazón de la ciudad, a lo largo de varios kilómetros. Hasta el punto de que, en el tramo limitado por el Puente Viejo y el lugar conocido como el Pico (desembocadura del Rivilla), entre el Fuerte de San Cristóbal en la orilla derecha y el cerro de la Muela (con su imponente Alcazaba árabe) en la izquierda, estaba la denominada playa del Guadiana (Figura 2).

Figura 2. La playa del Guadiana en Badajoz en los años 60-70 del siglo pasado (izquierda, arriba y abajo). Estaba vigilada (arriba, derecha) como la plata de la Victoria de Cádiz y acogía deportes náuticos: natación, piragüismo, navegación a vela o windsurf(abajo, derecha). Crédito de la imagen: Badajoz Corazón Ibérico.
El río era un lugar de convivencia y recreo donde cientos de personas de toda edad y condición, familias enteras, enfriaban los duros veranos de la zona. Un hervidero humano, sin plantas invasoras, vertidos tóxicos ni bichos incordiantes, más allá de la tropa follonera que chapoteaba las aguas. Hasta había peces (bogas, barbos, carpas, black bass y percas) que, cuando no se juntaba la marabunta bulliciosa canicular, se dejaban pescar por los muchos aficionados a ese deporte. Qué tiempo tan feliz que nunca olvidaré.
El río herido.
La biografía del río de la infancia se vio alterada un mal día. Ocurrió tras llegar dos plantas invasoras, extranjeras y letales para el ecosistema: el camalote o jacinto de agua y, más tarde, el nenúfar mexicano (Figura 3). Aunque el abandono ya se había posado antes, como un cormorán transeúnte. El 15 de octubre de 2015, Jesús Conde escribía en eldiario.es lo siguiente “El río Guadiana ha desaparecido en algunos de sus tramos en Mérida. Un tupido manto verde ha desdibujado las aguas por completo. La imagen parece asemejarse a una boscosa dehesa. Pero no. Se trata del camalote, que ha colonizado el Guadiana y se ha convertido en la planta invasora más dañina a la que hace frente Extremadura. Este verano la plaga procedente del Amazonas se desbordó. Tras una década instalada en el cauce ha rebrotado con fuerza, produciendo daños ambientales y económicos. Ha colonizado en torno a 157 kilómetros del cauce del río, al menos entre Villanueva de la Serena y Badajoz, justo en la frontera con Portugal, denuncia el colectivo SOS Guadiana.” El camalote es, técnicamente, la Eichhornia crassipes.

Figura 3. Diferencias entre el camalote o jacinto de agua y el nenúfar mexicano. Crédito de la imagen: Ministerio para la Transición Ecológica (MTERD).
Más adelante, citando a Antonio Gentil, de Adenex, el mismo periodista dice: “Una de las reflexiones sobre las que invita a pensar SOS Guadiana es por qué motivo el camalote se ha instalado con tanta fuerza en el Guadiana, y sin embargo, y pese a haber constancia de haberla visto en espacios de Navalmoral de la Mata años atrás nunca llegó a eclosionar allí. Tampoco se ha expandido por el Tajo, pese a ser una cuenca hermana al Guadiana. <<El camalote, al fin y al cabo, es un indicativo de cómo están nuestras aguas. Algo hay, cuando una planta de estas características crece así. Invitan a pensar qué clase de metales y químicos alimentan con tanta fuerza a una planta que ha encontrado, de repente, un ecosistema tan parecido al Amazonas como para eclosionar sin control>>. Fin de la cita.
El camalote no tardó mucho en reaparecer, a pesar del esfuerzo económico y logístico de la UME y de las administraciones, ajeno a la bronca entre estas y con la queja razonable de los defensores del ambiente (SOS Guadiana, Adenex y otros). Y con la suma posterior de otra invasión exótica: el nenúfar mexicano (Nympaea mexicana), con el que se suele confundir aunque son especies distintas cuyas diferencias son notables (Figura 3). Pero comparten ser dos heridas letales para un río de salud precaria.
El río enfermo.
Por si fuera poco el daño de la puñalada ecoambiental del camalote en el corazón del Guadiana, y el tajo añadido del nenúfar mexicano, como el de una obsidiana azteca, ahora el río está enfermo, infectado. No sale de una desgracia cuando le cae la siguiente. Debe de ser que está, desde hace tiempo, inmunodeprimido. Como ya se sabe, los sujetos con las defensas bajas son propensos a infectarse con más infecciones y el riesgo de una evolución peor, o más complicada. Las infecciones llegan por evolución natural: por ejemplo, por la conjunción del magnífico ecosistema hidrológico y vegetal que promueve la abundancia de aves. Este hecho es, inicialmente, una bendición de la naturaleza pues convierte a Badajoz capital en un magno dormidero de numerosas especies, pero también en un escenario de privilegio para su observación (de hecho, es una zona ZEPA urbana). La contrapartida es que, por la protección legal y medioambiental, el río no puede ser “explotado” como algunos de los cauces europeos citados en la introducción de este artículo. Más el riesgo indeseable de que se introduzcan infecciones foráneas, vehiculada por las aves, que amenazan a los humanos.
Ya habíamos advertido en el número 14 del Cuaderno Extremeño/CEx (El virus del Guadiana) y en otros foros (Diario HOY, 13/10/2024) de la amenaza de la fiebre del Nilo, una infección vírica forastera que implica a ciertos mosquitos vectores, algunas aves reservorios y a los caballos y humanos como estaciones finales. La cual infección no deja de gotear casos, como chaparrones puntuales en la dehesa extremeña. El virus volandero vino de fuera, puro inmigrante aéreo, pero ya es residente definitivo. Y, si las cosas del medio ambiente (el clima y esos asuntos naturales y politizados) siguen como están, que seguirán o irán a peor, no habrá quien lo mueva (al virus) de su nuevo asentamiento.
Algo parecido podemos decir de la gripe aviar por el H5N1, otro virus dañino que, en principio, está más en relación con las granjas terrestres que con los ríos (CEx nº 12, noviembre 2023: Los pájaros de Hitchcock vuelan sobre las mamíferas cabezas, y la píldora on line de 27/572024: La gripe aviar: ¿Solo amenaza o pura realidad?). Porque no se puede pasar por alto la notable implicación de las aves acuáticas en el mantenimiento y la expansión del virus gripal H5N1, y también de las aves migratorias (entre las que están las acuáticas, como las abundantes anátidas que, según el viejo Cayo Plinio Segundo (c.23-79 d. C.), inspiraron a los romanos para llamar flumen Anas, o río de los patos, al Guadiana de entonces).

Figura 4. El río Guadiana herido, y ahora enfermo, a su paso por Badajoz (año 2024). Crédito de la figura: AMS.
Si uno pasea por las bonitas orillas del llamado paseo fluvial de Badajoz, podrá ver una variada y abundante amalgama de aves (cormoranes, patos como los somormujos, zampullines y ánade real, gansos, cisnes, focha común, morito, espátula, calamón, garza real, garza imperial, garceta común, garcilla bueyera, algunas especies de gaviotas, como la sombría y la reidora, y más). Aves viajeras, algunas de larga distancia, que interaccionan con las vernáculas del país; más, fuera de Badajoz, la abundancia casi obscena de charcos, lagunas, lagos, pantanos y ríos en nuestra región y las infinitas granjas domésticas y profesionales; más los nuevos inquilinos del virus aviar: los mamíferos (vacas) tan abundantes en las cabañas extremeñas; más el hecho cierto de que ya se han detectado en Extremadura varios brotes de la infección en aves. Lo cual convierte al fenómeno en otra preocupación más, señora, pues no va a ser todo el debate sobre el carajal en el congreso de los disputantes, las carajas de Vinicius Junior o los amores carajos del recién adolescente, de calavera tintada de un rubio sueco, Lamine Jamal. Hay vida más allá de las carajadas. Para el Guadiana, el carnaval no ha acabado. Ahora, por segunda vez en pocos meses, se ha detectado la presencia de una nueva visita: las cianobacterias.
Las cianobacterias.
Estos bichitos microscópicos son bacterias (ya lo indica su nombre) aunque se las confunde con las algas. No son algas. Si le preguntamos a alguien de nuestro entorno qué estaba haciendo hace tres mil millones (3.000.000.000) de años lo más probable es que conteste que no se acuerda, o que no había nacido aún. Sin embargo, las cianobacterias ya andaban por ahí, habitaban el planeta. Estaban participando de manera muy activa a la formación de la atmósfera de oxígeno (oxidación) del planeta el cual no acabamos de destruir entre los ‘hunos’ y los otros. Las cianobacterias hacían y hacen un excelente trabajo a base de transformar el anhídrido carbónico atmosférico (CO2) en oxígeno (O2), mediante la fotosíntesis (como las plantas verdes clorofílicas). Aunque solo fuera por dicha función, ya merecen un respeto. Si no lo cree así, tápese la nariz y la boca o sumérjase en la piscina, el río o el pantano durante un buen rato y permanezca sin respirar. Luego cuente la experiencia anóxica al forense de guardia. El oxígeno es la vida.
Las cianobacterias son un grupo heterogéneo de especies. Se diferencian por su capacidad de fijar el nitrógeno, disponer de vesículas de gas que les permiten flotar y la producción o síntesis de cianotoxinas. El pigmento ficocianina confiere el típico color verde azulado (cian), pero producen otras moléculas que conforman una acuarela de colores. Una cualidad muy típica de estos microorganismos, cuando las condiciones ambientales les son favorables, es formar capas, mantos o floraciones (blooms, en inglés) que dan un aspecto macroscópico inconfundible a las aguas colonizadas. Estas floraciones modifican a peor las cualidades organolépticas del agua (sabor, color) que impide su consumo seguro, a la vez que asfixia la vegetación acuática sumergida. La pobreza de oxígeno (hipoxia, anoxia) también elimina los peces y los microanimales del fondo (bentónico) acuático, marino, fluvial o lacustre. Pero, además de la interferencia con el O2, las cianobacterias producen toxinas (cianotoxinas) de varios tipos, dependiendo de la especie de (ciano)bacteria (Tabla I).

Tabla I. Especies de cianobacterias, tipos de cianotoxinas y efectos tóxicos más relevantes. Crédito: traducido y modificado de Huisman J, et al. Nature Reviews/Microbiology, 2018.
Las cianotoxinas son productos secundarios o metabolitos tóxicos para las plantas, animales y humanos. Pueden causar grave daño en el hígado (hepatotoxicidad), el cerebro (neurotoxicidad), el riñón (nefrotoxicidad) y el aparato digestivo. En las aves, los animales y los humanos.
¿Por qué proliferan las cianobacterias? Son varios los factores implicados:
1. Eutroficación. Es decir, el excesivo enriquecimiento de nutrientes disueltos (nitrógeno en forma de nitratos, fósforo de los fosfatos) por la acción humana (actividad antropogénica). Este fenómeno provoca un desequilibrio en la relación (N/P) entre el nitrógeno (N) y el fósforo (P) por aumento del primero y disminución del segundo.
2. Anhídrido carbónico (CO2). El aumento del CO2 atmosférico permite un aumento del flujo del CO2 a las aguas cargadas de florecimiento de cianobacterias. Estas bacterias disponen de un sofisticado mecanismo de concentración del CO2 que puede disponer de hasta cinco sistemas de captación del carbono inorgánico: dos para el CO2 y tres para el bicarbonato (CO3H). El bicarbonato formado se almacena en una estructura llamada carboxisoma, donde existe una enzima que transforma el bicarbonato en carbónico.
3. Temperatura. El aumento de la temperatura (calentamiento global) es más acusado en determinados sitios (el valle del Guadiana a la cabeza peninsular, junto al del Guadalquivir). La consecuencia es el incremento de las lluvias, reflejado en la mayor frecuencia e intensidad de las tormentas, borrascas y DANAS con sus efectos deletéreos conocidos. Paradójicamente, también se extienden en el tiempo y en el número los periodos de sequía y los veranos más largos e intensos. La influencia de ambos fenómenos repercute irremediablemente en la vida de los insectos, aves, animales y humanos. Y, como es de esperar, en la salud individual y colectiva.
La suma o conjunción de los citados factores ha provocado el incremento notable de las cianobacterias en prácticamente todo el planeta, más ahora que en el siglo pasado (Figura 4), si bien el fenómeno no es nuevo como demuestran datos recogidos desde muy antiguo.

Figura 4. Comparación del cambio evolutivo (siglos XX y XXI) de la floración de las cianobacterias.Crédito de la imagen: Imagen generada por el autor mediante IA (ChatGPT).
Pero en los últimos años, y en la actualidad, es peor: por estudios de sedimentos de 100 lagos se sabe que el 60% de los lagos mundiales han incrementado su grado de colonización por cianobacterias desde la revolución industrial, un fenómeno acelerado a partir de 1945. Según un modelo de estudio, antes duraban los episodios de floración unos 7 días; hacia 2090, se calcula que entre 18 y 39 días. El fenómeno es global: en los macrolagos (Tihu de China, grandes lagos de los estados Unidos y Canadá) y los mares (Báltico, Caribe y Mediterráneo). No olvidemos el peligro potencial de nuestros grandes pantanos (Alqueva, la Serena, Alcántara y demás). Y, por desgracia, ya detectado en nuestro humilde Guadiana: un río histórico, herido y enfermo, pero todavía vivo. Al menos, en la memoria.

Figura 5. El río Guadiana a su paso por Badajoz entre el puente de la Universidad y el puente Viejo y entre el primero y el puente Real. Menos de un kilómetro más abajo, las cianobacterias (no documentadas en este montaje fotográfico). Fotografía tomada el día 8 de septiembre de 2025, 90 minutos antes de enviar este artículo a imprenta. Crédito de la figura: AMS.
Información adicional: La presente colaboración saldrá publicada en fechas próximas en la revista Cuaderno Extremeño para el Debate y la Acción.
Referencias sobre cianobacterias (orden alfabético y cronológico, de más reciente a más antigua).
Burford, M.A., Carey, C.C., Hamilton, D.P., Huisman, J., Paerl, H.W., Wood, S.A., Wulff, A. Perspective: Advancing the research agenda for freshwater harmful algal blooms. Inland Waters, 2020; 10(2), 170–197.
Huisman, J., Codd, G.A., Paerl, H.W., Ibelings, B.W., Verspagen, J.M.H., Visser, P.M. Cyanobacterial blooms. Nature Reviews Microbiology, 2018; 16, 471–483.
McLellan, N.L. Manderville, R.A. Toxin–protein interactions underlying cyanobacterial toxicity: a review. Toxicology Research, 2017; 6, 391–405.
Merel, S., Walker, D., Chicana, R., Snyder, S., Baurès, E., Thomas, O. State of knowledge and concerns on cyanobacterial blooms and cyanotoxins. Environment International, 2013; 59, 303–327.
Paerl, H.W. Otten, T.G. Harmful Cyanobacterial Blooms: Causes, Consequences, and Controls. Microbial Ecology, 2013; 65(4), 995–1010.
Magníficos y documentado artículo amigo Agustín.