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Este niño huele a la madre del payoyo

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Prof. Dr. Agustín Muñoz Sanz – Disciplinas Médicas (Patología Infecciosa)

Desde hace años se sabe que el olor corporal de los humanos tiene importancia en las relaciones familiares y sociales. La experiencia de la investigación se nutre sobre todo de los estudios en los adultos. Sin embargo, es apenas conocido para la ciencia qué ocurre con los olores de los niños y de los adolescentes. Un aspecto muy interesante, desde el punto de vista evolutivo, es el papel desempeñado por el olor corporal en la relación entre padres e hijos y viceversa

El asunto va mucho más allá de la mera sensación de olor agradable o desagradable. Es, de algún modo, un vínculo que acerca a los infantes a sus progenitores o, en el caso contrario, supone un sofisticado mecanismo neurosensorial de prevención de la endogamia (en la adolescencia, el olor desagradable o no atractivo para el sexo contrario).

Parece que, desde el punto de vista cualitativo, los componentes químicos del olor corporal de los niños muy jóvenes y los de mayor edad son los mismos. Otra cosa es la cantidad o proporción de los diferentes compuestos. Y la edad hormonal. En este sentido, la aparición de la sexualidad con la pubertad desempeña un papel de gran importancia. En los cambios intervienen las hormonas sexuales, algunas sustancias químicas como los ácidos carboxílicos, aldehídos y alcoholes, el sudor (sebo) y ciertas bacterias. 

Las zonas anatómicas del cuerpo humano más implicadas en el olor natural de cada persona (ajeno a los perfumes, desodorantes, geles y jabones del aseo) son las axilas, las regiones inguinales, el perineo, las zonas genitales y la anogenital. En cuanto a las bacterias, los estafilococos y las corinebacterias son las que más intervienen en la génesis del olor. Finalmente, el sudor y el sebo (una secreción grasa de las glándulas sudoríparas) también desempeñan un notable papel.

Un estudio del olor corporal en 18 niños (0 a 3 años) y en 18 jóvenes post-púberes (14 a 18 años) ha merecido el interés científico de un grupo de investigadores alemanes y ha llamado nuestra atención. Los autores realizaron análisis mediante cromatografía de gases-espectrometría de masas (GC-MS) y cromatografía de gases-olfatometría (GC-O) de muestras de sudor corporal (impregnado en toallitas axilares pegadas en la camiseta de algodón) y ambiental (camisetas con toallitas en la habitación dormitorio) agrupadas e incubadas a partir de ambos grupos de edad con el fin de identificar las sustancias volátiles asociadas al olor. 

Los autores protocolizaron dos enfoques:

1. Identificación de compuestos con olor activo mediante GC-O y análisis posterior por GC-MS.

2. Cuantificación de los compuestos objetivo mediante GC-MS.

Detectaron 42 compuestos olorosos activos. Los compuestos con más olor fueron los aldehídos los cuales mostraron diferentes aromas: jabonoso, cítricos, graso, metálico y olor a nuez. El segundo grupo de odorantes fue muy variado y diferente al anterior pues procedían principalmente de ácidos carboxílicos. Sus aromas variaron desde el olor a ciruela madura, pimiento verde y cera hasta aromas a queso, moho y cabra. Estos olores fueron más abundantes en las muestras de los chicos post-púberes.

El hecho diferencial más notable es la abundancia de dos esteroides volátiles (5α-androst-16-en-3-ona y 5α-androst-16-en-3α-ol) en los jóvenes post-púberes, en comparación con los infantes menores de tres años. Los esteroides olor-activos forman parte del perfume axilar (ajeno a desodorantes, champús y jabones). Se originan a partir de precursores del sudor apocrino con la necesaria intervención de determinadas bacterias del género Staphylococcus y no con las del género Corynebacterium y el ozono ambiental. Las diferencias en el olor de las axilas de los infantes comparados con los adolescentes se concretan en un olor ácido infantil mientras que en los jóvenes el olor fue más intenso y de carácter ácido/sulfuroso. 

Simplificando mucho la investigación destaca, y no es broma, que los jóvenes post-púberes tienden a oler a queso, humedad (moho) o cabra, mientras que los nenes huelen a flores. Parece que hay una base científica (de origen químico y microbiológico) que explica por qué se suele decir ante un bebé que está para comérselo (aunque no huela a queso), mientras que de algún mozalbete sudoroso que atraviesa las perturbaciones turbulentas de la adolescencia se puede decir, no que esté como una cabra, sino que huele a la madre del payoyo, ese gran queso de cabra. 

Nota: El artículo original (Body odor samples from infants and post-pubertal children differ in their volatile profiles) de los alemanes Diana Owsienko y colaboradores, que ha motivado este comentario, fue publicado el día 21 de marzo de 2024 en la revista Communications ChemistryHa tenido, como era de esperar, una gran repercusión en la prensa internacional y en las redes sociales.

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