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Fiebre Oropouche

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Por Prof. Dr. Agustín Muñoz Sanz / Sillón 4 de la Academia. Disciplinas Médicas (Patología Infecciosa).

La Aldea de Oropouche (u Orepouche) es una población que suma en torno a dos mil ochocientos habitantes en la actualidad. Pertenece a la provincia de Siparia, situada en el sur de la isla de Trinidad (República de Trinidad-Tobago), una isla que dista unos once kilómetros de la costa atlántica de Venezuela. En 1955, se descubrió un nuevo virus en esta aldea trinitense y, desde entonces, se conoce con su topónimo. 

El virus Oropouche (OROV, para la taxonomía oficial) pertenece a la familia Peribunyiaviridae y el género Orthobunyavirus (18 serogrupos, 129 especies). OROV se incluye en serogrupo Simbo. Consta de tres segmentos de RNA (la mayoría de los virus ARN tienen un solo segmento genómico). Este hecho le permite intercambiar genes cuando dos cepas diferentes se encuentran en una misma célula: es el conocido fenómeno evolutivo del reordenamiento o reagrupamiento (reassortment) genético, tan habitual en los virus de la gripe y en los coronavirus. Se conocen cuatro genotipos del virus (I a IV). 

Como todos los virus zoonóticos (que provienen de los animales), el virus Oropouche necesita de un reservorio (o varios) y de un insecto vector (o varios). Hasta el momento, los animales implicados son los perezosos, algunos marsupiales, aves, roedores, primates y humanos. En cuanto a los bichos vectores, diferentes clases de insectos que, popularmente, llamamos mosquitos. El jején (Culicoides paraensis) es, según la RAE, un insecto díptero (de dos alas) más pequeño que los mosquitos “convencionales” (Culex, Aedes, Anopheles) y de picadura más irritante; es abundante en las playas del mar de las Antillas y en otras regiones de América. Su pequeño tamaño (como una cabeza de alfiler) le permite penetrar las mosquiteras. Pero no solo Culicoides transmite el virus (hay algunas especies de CulexAedes y de otros más). Por otra parte, existen un ciclo selvático o silvestre y un ciclo urbano, lo que complica el estudio epidemiológico (animales reservorios, insectos vectores) del problema. Basta saber que en el ciclo silvestre hay, al menos, 95 especies de aves implicadas. Cada vez se sabe más, pero, muy probablemente, aún se desconoce bastante del virus y de su biología y la relación que mantiene con los distintos ecosistemas.

La enfermedad epidémica es original de la cuenca amazónica, pero hasta hoy se han descrito unos 30 brotes en varios países de Latinoamérica (Brasil, Bolivia, Colombia, Perú, Ecuador, Cuba). En Brasil ya hay más de medio millón de infectados, una cifra solo superada por la catástrofe del dengue.

Las razones epidemiológicas que justifican la reemergencia de un virus local, y apenas conocido, se centran en el cambio climático, la deforestación y la urbanización. Nada nuevo en el contexto de otras infecciones que han crecido de forma alarmante en la última década y que han alcanzado un rango casi planetario (chikungunya, dengue, zika, virus Mayaro).

La forma cIínica de presentación de la fiebre Oropouche es muy inespecífica. Podría ser confundido con una gripe estacional, o con covid-19 y muchas entidades más: una fiebre de aparición brusca, acompañada de cefalea, malestar, artralgias, mialgias y, a veces, rash cutáneo. Suele durar una semana y, en las regiones donde prevalece, no se distingue del dengue, el zika o el chikungunya. Y, como sucede en estas infecciones, en alguna ocasión (6-7%), el OROV puede causar meningitis y meningoencefalitis. Por fortuna, hasta ahora, no se ha documentado ningún caso mortal. Lo cual no le resta importancia porque en algunas áreas geográficas (Brasil) los brotes epidémicos causan una notable sobrecarga asistencial.

El diagnóstico de sospecha debe hacerse cuando hay razones epidemiológicas (estancias o viajes a zonas de riesgo), un cuadro febril similar a los antedichos dengue, chikungunya o zika, pero con estudios de laboratorio negativos para estos virus. El diagnóstico definitivo se hace mediante la demostración por serología de anticuerpos IgM (fase aguda) o IgG (seroconversión) frente al OROV, o del material genético del mismo (PCR en suero y/o, en su caso, en el líquido cefalorraquídeo). De modo parecido, técnicamente, a como se hace con el coronavirus de la covid-19 o con la gripe.

No hay tratamiento curativo, solo sintomático: hidratación, antitérmicos, analgésicos y antiinflamatorios. La prevención es la habitual para todas las infecciones transmitidas por los insectos vectores: informar a la población, eliminar las aguas estancadas donde se reproducen los mosquitos, usar insecticidas, repelentes, mosquiteras, etcétera.

No es para asustarse con esta infección emergente, pues ya hemos sufrido y sufrimos notables y acumulados sustos epidémicos: sida, ébola, gripe epidémica, gripe aviar, covid-19 que, gracias a las decenas de variantes de la variante Ómicron, parece el rayo que no cesa. Pero tampoco se debe ignorar que la humanidad recibe un nuevo aviso de la naturaleza. El zika era una enfermedad desconocida hace unas décadas. Hoy es un problema planetario que ha causado muertes, enfermedad, dolor, gasto, miedo, incertidumbre y miles de casos de microcefalia (cerebro pequeño y anormal) en hijos de mujeres infectadas durante el embarazo. 

El Orthobunyavirus detectado en 1955 en un humano residente en la Aldea de Oropouche, es decir, el OROV o virus Oropouche es ahora un problema totalmente establecido en Brasil y ya ha comenzado a serlo en varios países más de Sudamérica y de América Central. 

Veremos cuánto tiempo tarda en aparecer el virus amazónico, vehiculado en los vuelos internacionales, en la cada vez más cálida Europa (no sólo van a ser futbolistas quienes nos visiten). La vieja Europa, una región en pleno cambio geopolítico, enfrascada en una guerra vecina, siendo propia, y donde el dengue, el zika, el chikungunya y la fiebre del Nilo Occidental, por poner solo unos cuantos ejemplos de infecciones que hasta hace poco tiempo eran remotas y desconocidas, ya se conocen, se diagnostican y se tratan en nuestros hospitales. Por si no tuviéramos suficientes problemas, aun disfrutando de un espacio histórico desarrollado y confortable.

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