Prof. Dr. José Maria Ramírez Moreno – Disciplinas médicas (Neurología)

Figura creada por inteligencia artificial por el Prof. Ramírez
La demencia se ha convertido en un desafío global de salud. Según el informe de la Organización Mundial de la Salud de 2022 sobre investigación en demencia, aproximadamente 55,2 millones de personas en todo el mundo padecen esta enfermedad. La prevalencia en mayores de 60 años varía según la región: en el sudeste asiático es del 2,9%, en Europa del 6,5% y en otras regiones oscila entre el 3,1% y el 5,7%. Se estima que para 2030 el número de personas con demencia aumentará a 78 millones, con un impacto económico global que superará los 2,8 billones de dólares. Dentro de este contexto, la enfermedad de Alzheimer (EA) es la forma más común de demencia y representa un desafío creciente a nivel mundial. Según proyecciones recientes, se estima que el número de personas con demencia a nivel mundial aumentará de los aproximadamente 60 millones actuales a mas 150 millones en 2050. Este incremento se atribuye principalmente al envejecimiento de la población y al crecimiento demográfico.
Su patogénesis implica la acumulación de placas de beta amiloide y ovillos neurofibrilares, junto con procesos como neuroinflamación, disfunción sináptica, alteraciones bioenergéticas y anomalías vasculares. Estos factores conducen a la degeneración neuronal y al deterioro progresivo de la función cognitiva, con síntomas que van desde la pérdida de memoria hasta trastornos neuropsiquiátricos y motores en etapas avanzadas. A pesar de los avances en el conocimiento de la enfermedad, no existe una cura definitiva y los pacientes suelen ser diagnosticados en fases tardías e irreversibles. La identificación temprana de biomarcadores y la exploración de nuevas hipótesis, como el papel del microbioma intestinal, pueden abrir nuevas vías para la investigación y el tratamiento de la EA.
El eje microbiota-intestino-cerebro ha captado una gran atención en los últimos años, revelando posibles vías para nuevas estrategias terapéuticas. La microbiota intestinal está compuesta predominantemente por bacterias, aunque también incluye poblaciones más pequeñas de hongos, virus, arqueas y protozoos. Estos microorganismos desempeñan funciones tróficas y protectoras en el metabolismo y la inmunidad innata, además de influir en la función cerebral a través del eje microbiota-intestino-cerebro.
El eje microbiota-intestino-cerebro es un sistema de comunicación bidireccional que involucra vías metabólicas, endocrinas, neurales e inmunitarias, las cuales pueden actuar de manera independiente o coordinada. Alteraciones en la dieta, el uso de antibióticos, la exposición al estrés psicosocial o irregularidades en el sistema inmunológico pueden modificar la composición bacteriana, generando un estado de disbiosis. Como consecuencia, la barrera epitelial intestinal se ve comprometida, permitiendo la entrada de sustancias y microorganismos perjudiciales al torrente sanguíneo y desencadenando una respuesta inmunitaria que puede conducir a una inflamación sistémica.
El desarrollo de inflamación sistémica facilita la penetración de mediadores inflamatorios en el sistema nervioso central a través de la barrera hematoencefálica, lo que impacta la activación de la microglía y exacerba la neuroinflamación. Este proceso se acompaña de un desequilibrio en la neurotransmisión, promoviendo la degeneración y el daño neuronal. En conjunto, la hipótesis del eje microbiota-intestino-cerebro establece un vínculo entre el sistema inmunológico periférico y el sistema nervioso central, ofreciendo una nueva perspectiva para la investigación en la enfermedad de Alzheimer.
Si la microbiota intestinal desempeña un papel clave en la patogénesis de la enfermedad de Alzheimer, su modulación podría representar un enfoque terapéutico innovador. Aunque el estudio de este mecanismo aún se encuentra en una etapa temprana, se están considerando el desarrollo de fármacos y biomarcadores asociados al microbioma intestinal. No obstante, aún quedan por esclarecer los mecanismos exactos mediante los cuales la microbiota intestinal influye en la actividad cerebral y su conexión con otras características patológicas de la enfermedad de Alzheimer. La investigación en este campo sigue avanzando con la esperanza de descubrir nuevas estrategias para prevenir y tratar esta devastadora enfermedad.
Referencias
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