Prof. Doctor Agustín Muñoz Sanz / Sillón 4 de la Academia. Disciplinas Médicas (Patología Infecciosa).
El verano vigente empieza a perder fuelle, aunque no renunciará de forma brusca y definitiva a sus sartenazos de calor. Le relevará el otoño, como cada año desde el principio de los tiempos. Una estación que induce a la melancolía, tan fértil para el arte, la literatura, la música (Vivaldi) y el cine, pero que siempre, y no digamos en Extremadura, es de una belleza incuestionable (Figura 1). Corta, pero bella estación.

Figura 1. Valle del Jerte en otoño. Crédito de la figura: Guias Viajar.com.
Decir otoño equivale a vivir los días más cortos y las noches más largas, sentir las temperaturas más bajas (dicho es con reservas, podría advertir la AEMET), disfrutar de la lluvias y sufrir las gripes (en plural) y los catarros. Ah, sin olvidar covid-19, que no es estacional, pero que aprovechará la concurrencia de las condiciones ambientales favorables para aparecer y propagarse, aunque no se ha ido del todo. Estas condiciones son: temperatura, humedad, sitios cerrados y poco o nada ventilados, aglomeraciones de personas que incrementan la concentración del CO2 del lugar, un dato físico medible indicativo de la mala calidad del aire.
Existe la percepción de que covid-19 es una pesadilla del pasado reciente, un “ya fue”. La realidad es que no sabemos cómo anda la cosa o, para ser más precisos, yo lo ignoro, pero se pueden aducir varias razones: no hay o hay muy pocos casos graves o muy graves, los que necesitan hospitalización y, en algunos casos, el tanatorio; no se hacen pruebas diagnósticas masivas, ni en casa ni en los centros de salud ni en los hospitales, donde se analizan casos muy concretos; y, lo más importante, no existe conciencia de la actividad de la infección entre la ciudadanía porque la mayor parte de los casos son asintomáticos o tan leves que se confunden con los catarros de todos los años, las alergias, el efecto hipotérmico del aire acondicionado, cuando puede ser covid.
Sin olvidar que, no se note o se note poco, la capacidad de contagio no ha desaparecido y, lamentablemente, la posibilidad de evolucionar hacia covid prolongado o secuelas del covid, tampoco. Frente a esta situación de aparente indiferencia, en algunos lugares continúan vigilando al bicho mediante el análisis de las aguas residuales, un eficaz método de vigilancia y seguimiento de numerosas infecciones que ha resultado trascendental durante la pandemia. Y sigue siéndolo pues permite averiguar una semana antes la aparición de un brote comunitario. De este modo, por ejemplo, sabemos que en la actualidad, en los Estados Unidos de Norteamérica las cifras de contagios se mueven en torno al millón o millón cien mil casos diarios. Sí, ha leído bien. Más que en los años 2020 y 2021 (Figura 2). Si tenemos en cuenta la afición a viajar del coronavirus, no deberíamos despreciar el dato. Cuando las barbas…

Figura 2. Las once olas de la pandemia en los Estados Unidos de América. Infecciones diarias determinadas por análisis de las aguas residuales. En septiembre de 2025, un millón de casos al día, más que en 2020 y 2021. Crédito de la figura: @michael_hoerger
El otoño, telonero del invierno, preparará el ambiente para que a primeros del año siguiente (enero-marzo) se abarroten las consultas de los centros de salud, las salas de urgencia y algunos servicios hospitalarios por causa de las muchas infecciones víricas de adquisición por la vía respiratoria (catarros, gripes, covid-19, sincitial respiratorio) y con repercusión local respiratoria alta (la obstrucción nasal, faringitis, ronquera y tos seca de los catarros y de covid-19) y sistémica o general (gripes, covid-19). Con las consecuencias irremediables de pérdidas de miles o millones de horas laborales y escolares, incremento del gasto económico público y privado y, en algún caso (ancianos, inmunodeprimidos), de la mortalidad, más acusado en los grupos de riesgo de mala evolución (ancianos, diabéticos, obesos, embarazadas, enfermos oncológicos y otros inmunodeprimidos, como los pacientes infectados por el VIH o con enfermedades autoinmunes o tratamientos inmunosupresores.
Esta es la razón que obliga a las autoridades sanitarias, asesoradas por los expertos en el tema, a implantar las campañas de vacunación masiva previa publicidad de la razonable conveniencia de hacerlo. Al decir masiva, pretendo significar niños, adolescentes, adultos, mayores y ancianos. De ambos sexos, de todas las ideologías, razas y creencias (agnósticos y ateos incluidos) y estratos económicos y sociales. Sanos (inmunocompetentes) y enfermos o menos sanos (inmunodeprimidos e inmunosenescentes). Naturalmente, este sensato mensaje que, junto al de las autoridades sanitarias y expertos, también lo defienden y propalan la mayoría (no todos) de los profesionales de la salud: enfermería, médicos de familia, pediatras, epidemiólogos, infectólogos, neumólogos, internistas, oncólogos y geriatras. Pero tiene sus tozudos detractores: los antisistema, antivacunas, negacionistas, terraplanistas, escépticos y despistados. Ah, y ese espécimen novedoso de los “influencers” sabelotodo. Pero, además de los citados que entran dentro del campo de la opinión subjetiva, hay estudios (revisados en BMC Public Health, noviembre 2023) que han investigado los factores asociados con la reticencia a la vacuna covid-19. Y muestran que la negativa a la vacuna es mayor en las mujeres, los jóvenes, las personas con baja educación (nivel formativo), poca confianza en las autoridades y fuertes creencias conspirativas.
Desde hace décadas, las gripes dominan el escenario epidemiológico, clínico y vacunal. Digo gripes, en plural, porque hay tantas formas como tipos de virus en circulación: en la actualidad, como casi todos los años, las cepas epidémicas estacionales H1N1, H3N2 y H1N1-pdm09. La gripe aviar H5N1 juega en otra división, sin olvidar que ya anda por Extremadura y algunos parques de Sevilla. El citado panorama ha prevalecido, como está dicho, en las últimas décadas y así sigue, pero desde finales de 2020 (en plena pandemia creciente del SARS-CoV-2) y con ámbito planetario desde 2021, disponemos y usamos las vacunas contra el coronavirus zoonótico que provoca covid-19, la última e histórica pandemia. Entre las varias vacunas desarrolladas, dominaron el mercado de forma absoluta las de la plataforma mRNA (en inglés) o ARNm (en español) fabricadas por las multinacionales Pfizer (coaligada con BioNTech) y Moderna.
El coronavirus pandémico proveniente de un murciélago y surgido en China a finales de 2019 arrasó el planeta en pocos meses. Pero, desde el inicio y debido a su mandato genético escrito en las 30.000 letras de su ARN mostró su gran capacidad de mutar, una cualidad común a todos los virus, aunque espectacular en el SARS-CoV-2. Tras la primera mutación surgida recién llegado a Europa, fueron apareciendo cientos o miles de mutaciones en distintos lugares, de forma convergente. Dieron lugar a numerosas variantes y subvariantes. La OMS y otras entidades pusieron orden en el creciente elenco mutacional simplificándolas en variantes de interés, de preocupación y, más tarde, de seguimiento. Así surgieron la variantes de preocupación alfa, beta, delta, gamma y ómicron. De forma progresiva se fueron amortiguando, sucesivamente, con la llegada de la siguiente (multi)mutante en el abecedario griego clasificatorio.
La última, ómicron, nació (noviembre de 2021) en un parto de trillizas (ómicron A, B y C) y se difundió de forma espectacular. Sobre todo, la heredera ómicron B, la cual dio lugar a toda una amplia descendencia que se sintetizó en la llamada sopa de variantes (nosotros, con un cierto grado de ironía, la llamamos el gazpacho chino). El fenómeno natural de aparición de sucesivas variantes mutacionales —sin duda reforzado por la presión vacunal y la infección de sujetos inmunodeprimidos que, debido a su incapacidad de gestionar la inmunidad, se convirtieron en fábricas de variantes— obligó a ir adaptando la vacuna original (año 2020) de la plataforma ARNm a las nuevas variantes (años sucesivos, hasta hoy). Esto obligó a implementar sucesivas dosis de refuerzo anual. La razón fue que la inmunidad provocada por la vacuna original duraba solo unos meses (como media, entre 4 y 6 meses). Y así llegaron los refuerzos. El último empuje inmune permitió plantar cara a la variante JN.1, de la saga ómicron (“hija” de BA.2.86 y “nieta” de BA,2), dominante en el planeta y a sus herederas genéticas y de dominio epidemiológico NB.1.8.1 y LB.8.1.1 (La variante ómicron SARS-CoV-2 progresa adecuadamente).
Ahora, cuando septiembre y el verano periclitan, estamos a punto de llegar al otoño de 2025. ¿Qué hacer? Surge la duda hamletiana: To vaccinate or not to vaccinate… ¿Vacunar o no vacunar? El Ministerio de Sanidad español, en documento aprobado por la Comisión de Salud Pública de fecha 3 de julio de 2025, acordó administrar las vacunas contra la gripe y covid-19 de forma separada (se administraban juntas desde la temporada 2021-2022). La razón esgrimida es la baja circulación de covid en los meses previos, comparados con el año anterior. Dicen: “¿POR QUÉ SE HAN SEPARADO LAS RECOMENDACIONES DE VACUNACIÓN DE GRIPE Y COVID-19 ESTE AÑO? Desde la temporada 2021-2022, la vacunación frente a COVID-19 ha coincidido con la vacunación frente a la gripe. En esta temporada 2025-2026, y tras evaluar la situación epidemiológica de ambos virus, se establecen las recomendaciones de vacunación por separado permitiéndose adaptar mejor la estrategia a la situación epidemiológica de cada virus, si bien las dos campañas de vacunación serán coincidentes en la vacunación de otoño, para algunos grupos de riesgo.”
La junta de Extremadura, a través de la Consejería de Salud, ha publicado (DOE n.º 144 de 28-julio-2025) su calendario vacunal donde se contempla covid-19. La resolución informa de actualizar el calendario común de vacunaciones e inmunizaciones a lo largo de toda la vida de la Comunidad Autónoma de Extremadura (anexo I, en la figura 1), actualizar el calendario de vacunación e inmunización específica en menores y adolescentes (<18 años) con condiciones de riesgo (anexo II) y actualizar el calendario de vacunación e inmunización específica en personas adultas (>18 años) con condiciones de riesgo (anexo III). En el primer grupo (“a lo largo de toda la vida”) covid-19 se indica en la etapa prenatal y en mayores de 65 años. En la nota 13 del mismo anexo I, dice: 13. Covid-19. Según recomendaciones especificadas en la Circular Gripe-Covid correspondiente a cada temporada. En la nota 11 del anexo II, dice: 11. Covid-19. Población con condiciones de riesgo: Según Circular sobre la Campaña de vacunación frente a gripe-covid-19 vigente publicada por la Consejería de Salud y Servicios Sociales. En la nota 12 del anexo III dice lo mismo.
Por tanto, parece que esta próxima temporada habrá vacunación contra covid-19 en cualquier momento del año a partir de la última semana de septiembre en grupos muy seleccionados de personas. A quienes tal vez les convenga leer lo que sigue.
La vacuna contra covid-19 de 2025-2026.
La multinacional Pfizer acaba de hacer públicos los resultados de su estudio sobre la vacuna prevista para la temporada otoño-invernal de este año. Moderna está afanada en lo mismo con su ensayo con mRNA-1083 frente a covid-19 y gripe (ensayo NCT06097273 | A Study of mRNA-1083 (SARS-CoV-2 and Influenza) Vaccine in Healthy Adult Participants, ≥50 Years of Age | ClinicalTrials.gov). De forma muy resumida, se destacan los datos más importantes publicitados por Pfizer:
Antecedentes: El ensayo de la vacuna se realizó tras probar su eficacia en investigación preclínica, que mostró muy buena respuesta frente a diversas variantes víricas, y tras recibir la aprobación de la FDA.
Vacuna: La vacuna es la ya conocida Comirnaty® (mRNA) que muchos nos pusimos en su momento (la dosis inicial y los refuerzos), ahora adaptada para cubrir las variantes víricas dominantes. La dosis de la vacuna monovalente ensayada es de 30 μg.
Objetivo del ensayo en fase 3: Valorar la seguridad, tolerabilidad e inmunogenicidad de la vacuna en humanos.
Población estudiada: Una cohorte de 100 sujetos. La mitad eran mayores de 65 años sin factores de riesgo conocidos. La otra mitad, sujetos adultos (18 a 64 años) con al menos una condición de riesgo (obesidad, diabetes, inmunodepresión, etcétera) asociada a mala evolución de covid-19. Todos los participantes estaban vacunados con la vacuna adaptada a la variante previa (KP.2) al menos seis meses antes. No habían recibido ninguna otra vacuna contra covid-19 ni sufrido la infección desde la vacunación con KP.2.
Resultados: Hubo un fuerte aumento de los anticuerpos neutralizantes (AN) dirigidos al sublinaje LP.8.1 del SARS-CoV-2 tras la vacunación. Catorce días (14) después de la vacunación con la vacuna adaptada frente a LP.8.1 la tasa de AN en ambos grupos (mayores de 65 y los adultos de 18-64 con factores de riesgo) se incrementaron al menos cuatro (4) veces los niveles previos a la vacunación. Un buen nivel de protección.
Seguridad: No hubo problemas más allá de los conocidos en vacunaciones previas.
Hasta la fecha, Pfizer y BioNTech han distribuido 5 mil millones de dosis de la vacuna en todo el mundo.

Figura 3. Calendario vacunal de Extremadura temporada 2025-2026 (anexo I: Calendario común. Vacunación a lo largo de toda la vida). Crédito de la figura: Consejería de Salud y Servicios Sociales. Junta de Extremadura. DOE nº 144. Lunes 28 de julio de 2025.
¿Hay que vacunarse contra covid-19? O, mejor, para que no parezca impositivo: ¿Conviene vacunarse?
En mi opinión, sin ser portavoz de ninguna institución y hablando a título personal, si usted tiene una edad igual o superior a 65 años o es un adulto entre 18 y 64 años con algún factor de riesgo asociado a mala evolución, sería conveniente recibir el refuerzo con la actual vacuna RNAm eficaz contra las variantes circulantes. Su médico de familia podrá informarle del asunto (o el pediatra, si se trata de niños y adolescentes).
CONFLICTO DE INTERESES: El autor declara no tener relación comercial ni de ningún tipo con las empresas que producen y venden las vacunas o los fármacos usados para el tratamiento de covid-19 o de la gripe.