Dr. Mariano Casado Blanco | Sillón 10 de la Academia. Medicina Social y Salud Pública (Medicina Legal y Forense).
El pasado 2 de mayo de 2025, falleció a los 77 años de edad, la Profesora Dra. Dña. María Castellano Arroyo. En su esquela bajo su nombre se decía: “médico y profesora”.
Con su muerte, tanto la comunidad médica y la universidad española han lamentado profundamente su pérdida. Y fue en estos ámbitos en los que dedicó su vida a la medicina, la investigación y a la docencia, dejando un legado que debe perdurar como fuente de inspiración para las futuras generaciones.
Sin duda alguna me siento orgulloso y satisfecho por haber podido compartir más de veinticinco años con Dña. María, llenos de vivencias tanto académicas, colegiales y profesionales como familiares y personales.
Realizar una semblanza de la Profesora Castellano se antoja ciertamente difícil por su larga trayectoria profesional, su extensa producción científica y la profundidad de su calado como persona. Aunque se podría resumir en términos como igualdad, investigación, docencia, ética y deontología, relación médico-paciente y humanismo, que fueron los cimientos en los que la Dra. María Castellano forjó toda una vida en la que, con su legado, se ha convertido en todo un referente para la profesión médica.
Una mujer buena en todos los sentidos, donde predominaban cualidades que la hacían actuar con rectitud, transparencia e integridad, no sólo con sus compañeros y amigos sino también con sus alumnos. Era una persona de consenso, diálogo, bondadosa por naturaleza, leal, que amaba su profesión, trabajadora infatigable e inasequible al desaliento, como demostró hasta los últimos días de su vida.
Fui el último amigo que pudo estar con ella aun en vida, concretamente el día 1 de mayo, cuando le quedaban justamente veinticuatro horas para su muerte, la cual no le asustaba y la esperaba como ella misma me dijo con paz, tanto por estarlo con Dios, con sus hijas y con sus amigos, y sin tener ninguna deuda pendiente.
La Dra. Castellano Arroyo deja una huella imborrable en la historia de la medicina española, al convertirse, en el año 1976 en la primera mujer que ingresó por oposición en el prestigioso Cuerpo Nacional de Médicos Forenses y poco después, en el año 1980, en la primera mujer en obtener una Cátedra de Medicina en España, y ocupando la cátedra de Medicina Legal y Forense en la Universidad de Zaragoza. Este auténtico logro no solo rompió barreras de género, sino que también abrió un camino para muchas otras mujeres tanto en el ámbito académico como en el científico.
La trayectoria profesional de la Dra. Castellano Arroyo estuvo marcada por su profunda experiencia tanto en la Medicina Legal como en la Medicina Forense. Su labor en este campo la consolidó como una referencia tanto a nivel nacional como internacional. Un aspecto particularmente destacado de su trabajo fue su enfoque pionero en la investigación y el abordaje de la violencia de género.
Su dedicación a la Universidad fue igualmente destacable y meritorio. Tras su nombramiento en la Universidad de Zaragoza, simultáneamente ejerció como Jefa del Servicio de Medicina Legal y Toxicológica del Hospital Clínico Universitario de Zaragoza hasta el año 1996. Posteriormente, continuó su labor docente como Catedrática de Medicina Legal en la Universidad de Granada y finalizó su vida académica como Catedrática de Medicina Legal en la Universidad de Alcalá de Henares.
Su compromiso con la excelencia académica se reflejó también en su activa participación en prestigiosas instituciones médicas. Fue Académica de Número de la Real Academia de Medicina de Zaragoza (1986-1997), siendo luego nombrada Académica Honoraria. En 2007, se incorporó como Académica de Número a la Real Academia de Medicina de Granada, donde su discurso de ingreso versó sobre la historia de la Medicina del Trabajo. Culminó su trayectoria académica al ser elegida Académica de Número de la Real Academia Nacional de Medicina de España en el año 2012, ocupando el sillón número 19 dedicado a la Medicina Legal. Su discurso de ingreso en esta prestigiosa institución, titulado «La construcción de la Medicina Legal y Forense en España: Después de ciento setenta años, una tarea inacabada», reflejó su profundo conocimiento y visión crítica sobre la evolución de su especialidad.
En esta dilatada vida profesional y académica se le concedió la Cruz de Primera Clase de San Raimundo de Peñafort, por su colaboración con la Administración de Justicia, en el año 1983. Medalla al Mérito Policial, con Distintivo Blanco, por su colaboración en la formación de la Policía Judicial española, año 1992. Secretaria de la Internacional Academy of Legal Medecine, desde el año 1993 hasta 1998. Presidenta del Comité Organizador del XV Congreso of de Internacional Academy of Legal Medecine. Zaragoza, año 1993. Formó parte de las Comisiones de Ética y Deontología Médica de los Colegios Médicos de Zaragoza (1983-1996) y de Granada (1997-2010). Fue vocal de la Comisión Central de Deontología. Organización Médica Colegial (CGCM) desde 2010 hasta 2015. Medalla de Andalucía en el año 2020 de las Ciencias Sociales y las Letras 7 y el Premio Sanitaria 2020. Además, recibió la Medalla de Honor del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España (CGCOM).
Publicó más de 300 artículos en las diversas áreas de la Medicina Legal y Forense y más de 50 capítulos de libros especializados en Medicina Legal, Toxicología Forense, Derecho sanitario, Ética y Deontología médica y Medicina del Trabajo y salud laboral. Autora de más de 300 ponencias e intervenciones en Congresos nacionales e internacionales y dirigió 33 Tesis Doctorales, alguna de ellas en nuestra Facultad de Medicina. Destacar de entre sus líneas de investigación: Violencia en el medio familiar, Psiquiatría Forense (valoración del daño psíquico, valoración de peligrosidad… ), Derecho sanitario.
En el año 2018 fue investida doctora honoris causa por la Universidad de Extremadura y en su discurso incidió nuevamente en la necesidad de que la Medicina Legal y Forense sea una especialidad médica más para poder dar respuestas a las demandas de las diferentes administraciones y de la sociedad en general.
Más allá de sus logros científicos y académicos, la Dra. Castellano Arroyo fue una persona de profunda calidad humana, reconocida por su calidez y su compromiso con los valores del profesionalismo médico. Un testimonio de su impacto personal es el libro que se le dedicó en vida: «María Castellano Arroyo: Médica, maestra y humanista».22 En esta obra, se le describió como una «humanista» ejemplar, una «maestra» inspiradora y un modelo de «altruismo, bondad, vocación, dedicación y compromiso». En un capítulo del libro, la propia Dra. Castellano Arroyo compartió con admirable entereza su experiencia con el cáncer, transmitiendo un mensaje de fe y resaltando la importancia de valorar la vida y la atención sanitaria. Su compromiso con el bienestar de los pacientes la llevó a participar activamente en el Consejo Asesor de Pacientes, contribuyendo a iniciativas para humanizar la asistencia sanitaria y promover la equidad en el acceso a los avances médicos.22
En el capítulo “Recuerdos y reflexiones de la Dra María Castellano”, habla con normalidad de su enfermedad, un cáncer que padece desde hace más de tres años y del que ella es consciente que no tiene cura, pero lo afronta “desde una fe inmensa, aceptando todo lo que me ha pasado, cosas buenas y otras no, pero esa es la realidad de vida” e intentando “estrujar cada minuto” de su vida.
Nos dejó muchos mensajes, que es momento oportuno de recordar, entre ellos que: “La humanización asistencial no se debería entender como una moda pasajera o un instrumento al servicio de la política. Tiene que reflejar una nueva cultura en favor de los pacientes, de su dignidad como persona. La humanización asistencial requiere aplicar criterios éticos, deontológicos y legales que sirvan para garantizar una relación fluida entre pacientes y profesionales sanitarios, basada en la confianza mutua”.
Es grande la ausencia y el desamparo que para la Universidad española y consecuentemente para la profesión médica supone la pérdida de Dña. María. Se nos ha ido una compañera y un referente del buen quehacer universitario y profesional, además de una amiga, pero como decía otra mujer significativa como era Isabel Allende, “la muerte no existe, la gente solo muere cuando se le olvida. Si puedes recordarme, siempre estaré contigo”.
Y para finalizar, solo me queda añadir que demos gracias por haber tenido entre nosotros a una mujer grande intelectualmente y grande como persona, por su cercanía y sencillez aparte de su libertad y valentía que demostró durante su vida, pero que igualmente fue grande porque murió con verdadera autenticidad y sencillez, sabiendo morir, madurándola y hasta conseguir elaborar su propia muerte, viviéndola con serenidad y de manera consciente.
Sirvan estas breves pinceladas como muestra de profundo y merecido respeto y admiración tanto profesional como personal y del mayor aprecio y afecto hacia una mujer de gran categoría e integridad personal.