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Retretes

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Por Dr. Agustín Muñoz Sanz. Ocupa el Sillón 4 de la Academia. Disciplinas Médicas (Patología Infecciosa).

El diccionario de la RAE recoge la voz retrete en su primera acepción como “un aposento dotado de las instalaciones necesarias para orinar y evacuar el vientre.” Retrete también significa (en desuso) “un cuarto pequeño en la casa o habitación destinado para ir a retirarse.” La habitación de pensar. Antes que la RAE, don Sebastián de Covarrubias definió retrete como “el aposento pequeño, y recogido en la parte más secreta de la casa, y más apartada, y assi se dixo de retro” (Tesoro de la lengua castellana o española,1611). El reino o dominio del trasero se ubicaba en la parte más secreta y en las traseras, según sentencia el maestro lexicógrafo. Hay una forma histórica y curiosa de aludir al sitio evacuatorio: las “necesarias”, denominación que salpica la literatura española de pícaros. Recuérdese la cita del quevediano buscón, llamado don Pablos: “Diome gana de descomer, aunque no había comido, digo, de proveerme, y pregunté por las necesarias a un antiguo, y díjome…”. 

Sea particular o público, el retrete es —por razones obvias— un espacio muy abundante en microbios, la mayoría de origen intestinal (microbioma intestinal humano). Pero también cuenta el ecosistema o microbioma ambiental de la estancia: del agua; de cada uno de los muebles; del suelo y las paredes; de las puertas con su pomos y manillas; papeleras y toallas; y de cualquier objeto presente (la escobilla, cada vez que se sacude, expele, como lava de volcán, billones de microbios). Por tanto, el retrete es un espacio ecoambiental de gran trascendencia en la vida cotidiana de los humanos, mucho más allá del simple y obligado papel desempeñado en la eliminación de los detritos alimentarios y acuosos.

La ciencia busca en los retretes. 

Un grupo de investigadores ingleses han analizado el panorama microbiológico de los retretes de tres hospitales del Reino Unido. Los resultados han sido expuestos en un congreso internacional de microbiología y enfermedades infecciosas (Barcelona, finales de abril). En cada hospital se estudiaron diez clases de superficies de seis tipos de retretes: personal masculino y femenino, hombres y mujeres hospitalizados, personas discapacitadas e inodoros compartidos (unisex). Analizaron las superficies que se suelen tocar con las manos (cisterna; pasamanos; grifos y las manijas o pomos de las puertas); el suelo y los sitios altos de cada estancia (parte superior de las puertas, estantes y salidas de aire), lugares a donde los microbios llegan por vía aérea. 

Se recogieron 480 muestras por cada centro durante cuatro días diferentes con el intervalo de una semana entre cada hospital. Determinaron la cantidad de bacterias y hongos existentes en cada superficie, identificando los microbios ambientales (potencialmente patógenos y los patógenos profesionales), y estudiaron la resistencia de los microbios frente a diferentes antibióticos. Se aislaron trece especies de bichos patógenos: 12 bacterias (todas de hábitat hospitalario, con gran capacidad de hacer daño a los humanos) y un hongo ambiental muy ubicuo (especies de Aspergillus). Los microbios mostraron resistencia antimicrobiana. No sobra decir que, en Europa (2022-2023), se infectaron 4,3 millones de personas en los hospitales con un 32% de resistencia a los tratamientos.

Los lugares de los retretes lejos del alcance de las manos (techos, partes altas) o que no se suelen tocar (suelos) son el destino irremediable de las gotas hídricas volanderas: se contaminan más que las zonas donde hay un contacto manual frecuente. Los microbios proceden de la taza del váter. Tras tirar de la cadena o usar la manilla o fluxómetro de la cisterna, el arrastre del agua provoca una nube invisible de aerosoles. Con la tapa levantada, millones de estos y de gotas preñadas de microbios se esparcen por la estancia, alcanzan las partes altas y caen al suelo, un destino irremediable de lo aéreo porque las gotas cargadas de microbios (mayores de 10 micras) caen por su peso para depositarse en las superficies bajas al cabo de un tiempo. Inciso: La importancia de los aerosoles en el contagio de las infecciones aéreas se puede calibrar por los estragos causados en la pandemia de covid-19. Y, respecto a los detritus eliminados por los retretes que acabarán en las redes subterráneas de aguas sucias, actualmente su estudio se usa, entre otras, en la vigilancia de la infección coronavírica y de la gripe aviar que ha saltado a los mamíferos, incluido el humano.

Un dato interesante es que las mujeres muestran una conducta más higiénica (cívica) que los varones. Las encuestas previas indican que se lavan las manos con mayor frecuencia y cuidan más el entorno. La diferente conducta intergéneros se intuye porque los pomos de las puertas de los retretes masculinos acumulan una cantidad de microbios ¡ocho veces mayor! que los tocados por las féminas. Los retretes de las personas con capacidades distintas y los unisex son los de mayor contaminación, quizás por un uso más frecuente. 

Es obvia la conducta a seguir tras usar las necesarias privadas y públicas: lavado de las manos, con agua y jabón, y tapar la taza antes de que el agua de la cisterna arrastre lo evacuado. Se aprendió en la remota infancia: es simple higiene. Y aplicar la cordura cuando la fisiología obliga al alivio en un tabuco común que, con muy alta probabilidad, carecerá de ventanas ventilatorias de los miasmas propios y ajenos.

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