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Y de la aceituna, el aceite

Prof. Doctor Agustín Muñoz Sanz / Sillón 4 de la Academia. Disciplinas Médicas (Patología Infecciosa).

La muy popular jota extremeña La uva dice que “de la uva sale el vino y de la aceituna, el aceite.” El refranero español es muy rico en dichos y proverbios donde el aceite, la aceituna, el olivo del olivar son los protagonistas. El aceite de oliva (un aceite vegetal) es el producto natural de la aceituna u oliva, a su vez el fruto del olivo (Olea europaea). Existen multitud de variedades de olivas (en España, 262). Las variedades más populares españolas son la picual, manzanilla cacereña, hojiblanca, morisca, arbequina, cornicabra, royal y otras (hasta 24). En Portugal, galega, las alentejanas verdeal y cordovil, y otras. 

Un tercio de la pulpa de la aceituna es aceite de oliva. En las almazaras, por un mecanismo de presión, se extrae el aceite de la aceituna. La palabra almazara, equivalente a molino de aceite o lagar, procede del árabe hispano (al-maʿṣara) que significa la prensa.

El olivo es de origen mediterráneo. El 97% de la producción aceitunera procede de los países del área. España es el primer productor mundial, con el 50% del total, y 32 denominaciones de origen protegidas. La siguen Italia y Grecia. Los tres países suman las tres cuartas partes de la producción mundial de aceite de oliva.

La importancia nutricional del aceite de oliva es mucha. Su composición es rica en ácidos grasos saludables (oleico y linoleico), triglicéridos y fosfolípidos (fracción saponificante, 98-99%), pero también contiene hidrocarburos y polifenoles (antioxidantes), entre otros componentes menores. El aceite de oliva es el componente esencial de la pirámide alimenticia muy recomendada en la dieta mediterránea.

El aceite, en cantidades moderadas, es un alimento muy saludable, no solo para el corazón.

No hay nada nuevo en este aserto. A todos resulta muy familiar y conocido. Es un mensaje dietético y de salud que está muy asentado en el cerebro de una gran mayoría de los ciudadanos. Desde las autoridades sanitarias, pasando por los productores de aceite, hasta el ama de casa, el chef o el experto gastrónomo. Lo cual es muy buena noticia. Pero, aún así, no sobra insistir si, más que una opinión, se busca respaldo en la ciencia. Sobre todo, cuando se refiere a un asunto tan grave como la mortalidad por demencia, un problema de salud devastador.

En un artículo de la Universidad de Harvard, publicado en JAMA Network Open y firmado por once investigadores, entre quienes figura la española Marta Guasch-Ferré, se analiza el efecto del aceite de oliva en la salud mental. Los autores se preguntan si el consumo a largo plazo de aceite de oliva se asocia con el riesgo de muerte relacionado con la demencia. 

Para responderlo, estudiaron de forma prospectiva 92.383 adultos libres de enfermedades cardiovasculares y de cáncer al inicio de la investigación, pertenecientes todos los sujetos al Estudio de Salud de las Enfermeras(NHS; 1990-2018) y al Estudio de Seguimiento de Profesionales de la Salud (HPFS; 1990-2018), seguidos durante 28 años. 

Analizaron los datos entre mayo de 2022 y julio de 2023 y encontraron información muy interesante, con independencia de la calidad de la dieta. Los resultados sugieren que el consumo razonable de aceite de oliva es una estrategia potencial para reducir el riesgo de mortalidad por demencia si se tiene en cuenta que las tasas de mortalidad por esta patología no dejan de crecer. La ingesta de aceite de oliva se evaluó cada 4 años mediante un cuestionario de frecuencia de consumo de alimentos y se clasificó como:

(1) Consumo de aceite nunca o menos de una vez al mes.

(2) Consumo mayor de 0 a menos o igual a 4,5 g/día.

(3) Consumo mayor de 4,5 g/d a menos o igual a 7 g/d. 

(4) Consumo mayor de 7 g/d. 

La calidad de la dieta se basó en el Índice de Alimentación Saludable Alternativa y la puntuación de la Dieta Mediterránea.

De los 92.383 participantes, el 65,6% eran mujeres, con una edad media de 56,4 años. Durante las casi tres décadas de seguimiento murieron 4751 sujetos por causas relacionadas con la demencia. Los individuos homocigotos para el alelo de la apolipoproteína ε4 (APOE ε4) tenían de 5 a 9 veces más probabilidades de morir con demencia. El consumo de, al menos, 7 g/d de aceite de oliva se asoció con un riesgo 28% menor de muerte relacionada con la demencia, en comparación con el consumo bajo o nulo de aceite de oliva. 

La sustitución de 5 g/d de margarina y mayonesa por la cantidad equivalente de aceite de oliva se asoció con una reducción del riesgo de mortalidad por demencia de un 8% y un 14%, respectivamente. Las sustituciones de otros aceites vegetales o mantequilla no fueron significativas.

Se puede concluir diciendo que, en los adultos estadounidenses, el consumo de aceite de oliva por encima de 7,5 gr al día se asocia a un menor riesgo de mortalidad relacionada con la demencia, cualquiera que sea la calidad de la dieta.

Moraleja: Para una vida saludable, evitar los tóxicos, dieta mediterránea, ejercicio razonable aeróbico y de fuerza/resistencia, sueño reparador y ajustado en el tiempo… ¿Aceite? Sí, y a diario, sin perder de vista que, por ser una grasa, tiene un elevado poder calórico (9 kcal por gramo), frente a los 4 kcal/g de los hidratos de carbono y las proteínas. La tostada, con aceite de oliva (una o dos cucharaditas de 5 ml: 40 kcal cada una), en lugar de mantequilla. La ensalada, aderezada con el oro del olivar (15-20 ml: 150 kcal). Y así… para vivir mejor y, si hay suerte, torear la demencia.

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